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05/05/2007
Extracto del dossier de prensa de la editorial americana de El espejismo de Dios
Un eminente pensador y científico analiza la irracionalidad que entraña la creencia en Dios y los daños irreparables que la religión ha infligido a la sociedad, desde las Cruzadas al 11-S* “Es un libro excepcional –incluso, en ocasiones, divertido... No es necesario estar de acuerdo con todo lo que dice Dawkins para celebrar la valentía con la que expone todo el mal que las religiones pueden hacer. Los fundamentalistas seguramente encontrarán en él la encarnación de su Satán” Sobre este libro · Cómo la religión alimenta y justifica la guerra · Cómo la religión fomenta el fanatismo y la xenofobia · Cómo la religión perjudica el desarrollo intelectual de los niños Dawkins defiende muy bien el argumento de que la creencia en Dios no sólo es irracional sino increíblemente dañina. En los últimos cinco años hemos sido testigos de las maldades que pueden hacer los hombres en el nombre de Dios. Aún así, a muchos creyentes les resulta difícil imaginar como se puede ser bueno sin religión. Dawkins sostiene que nuestro sentido de la moral tiene un origen darwiniano y contesta diciendo: ¿Realmente la única razón por la que uno intenta ser bueno es para obtener la aprobación y la recompensa de Dios o para evitar su desaprobación y su castigo? Eso no es moralidad, eso es puro peloteo. Yendo más lejos y en un tono más serio, dice Dawkins: “Aquellos que quieren basar literalmente su moral en la Biblia o no la han leído o no la han entendido”. Pero dejando a un lado los detalles de la Biblia, el hecho es que la mayor parte de la gente cree en Dios, ¿no? En su calidad de eminente científico, Dawkins deconstruye respetuosamente los argumentos que defienden la existencia de Dios. Y examina también las raíces de la religión, explicando como surgen y se expanden la creencia en Dios y los cultos religiosos. En El espejismo de Dios Dawkins demuestra como la ausencia de la divinidad lejos de producir una pérdida de sentido, es una fuente de inspiración. Si todo lo que tenemos es el ahora, deberíamos vivir nuestra vida, cada segundo de ella, potenciando nuestra capacidad de disfrutar y de maravillarnos con las cosas que esta nos ofrece. John Lennon dijo una vez: “Imagina un mundo sin religión”; y en El espejismo de Dios Dawkins explica por qué es fundamental que hagamos eso; al menos si queremos imaginar a toda la población mundial viviendo en paz. Sobre el autor Richard Dawkins ha enseñado Zoología en la Universidad de California (Berkeley) y en la Universidad de Oxford, y en la actualidad ocupa la Cátedra Charles Simonyi para la Divulgación de la Ciencia también en Oxford, cargo en el que desempeña su labor desde 1995. El Wall Street Journal ha dicho de él que su “pasión se apoya en una impresionante habilidad literaria”. El New York Times Book Review lo ha considerado un escritor que “entiende los temas con tanta claridad que hace que sus lectores también los entiendan”. De entre sus libros anteriores podemos destacar The Ancestor's Tale (‘El cuento de nuestro antepasado’), El gen egoísta, The Blind Watchmaker ( ‘El relojero ciego’), Escalando el monte improbable, Destejiendo el arco iris y El capellán del diablo. Dawkins vive en Oxford con su esposa, la actriz y artista Lalla Ward.
— Kirkus Reviews
La revista Discover llamó recientemente a Richard Dawkins “el Rottweiler de Darwin” por su feroz y eficaz defensa del evolucionismo. Además de ser el ateo más destacado del mundo y un biólogo mundialmente conocido, Dawkins tiene también la valentía de cuestionar la base más profunda de toda religión. Sus críticos lo califican de hostil y agresivo y mucha gente se pregunta: ¿Por qué está tan enfadado? ¿Es que la religión, especialmente el cristianismo, el judaísmo y el islamismo, han causado realmente tanto daño como para que debamos oponernos activamente a ella? Pues sí. En su nuevo libro, El espejismo de Dios, Dawkins examina, con ingenio, racionalidad y documentación histórica y contemporánea:
Richard Dawkins. Ed. Espasa-Calpe, 2006
06/05/2007
A PROPÓSITO DE LOS RITOS DE PASO
Creo que los ritos de paso no debería existir formalmente, y menos bajo el paraguas de la administración local o estatal.
Vaya, que no creo en los rituales ni en las ceremonias civiles. Creo en lo espontáneo. En el calor que surge de un grupo de allegados que se juntan para celebrar el nacimiento, la unión de hecho de una pareja o su disolución, o el paso a la nada.
Nos han invitado a varias comuniones de amigos/as de mi hija y me he negado a ir a todas, con frustración para mi hija y la incomprensión de algunos/as. No nos importa esto último y espero que mi hija vaya comprendiéndolo con el tiempo, como lo ha hecho mi hijo mayor.
Es más, conozco parejas que no estando casadas por la iglesia van a bautizar a su hija y después va a hacer la primera comunión. ¿Qué clase de compromisos u obligaciones sociales se generan para llegar a hacer cosas como ésta? ¿Tal vez el qué dirán? ¿Mimetismo? ¿No ser menos que otros? ¿Qué nuestros hijos/as no se sientan diferentes? ¿Qué clase de hipocresía es ésta? ¿Ocupará el Corte Inglés los nuevos nichos ecológicos que se generen con los ritos de paso “laicos”?
¿Comuniones civiles? No, gracias.
Hace tiempo que permanecía callado. Que este blog estaba mudo. Un silencio pesaroso motivado por la falta de logros en nuestra vieja lucha para sacar la religión de la escuela. Pero hay que seguir. Si la religión sigue ocupando parte del currículo de muchos de nuestros alumnos/as, habrá que dar más caña en las demás áreas, como Ética, Ciencias, Sociales, etc. fomentando el pensamiento crítico y desmontando dogmas.
A propósito del libro de Dawkins que estos días recorre los foros laicistas, creo que todos/as deberíamos sacar d el dawkins que llevamos dentro y ponerlo a trabajar.
25/05/2007
REFLEXIONES DESDE CÓRDOBA A PROPÓSITO DEL DEBATE ABIERTO SOBRE LAICISMO Y ATEÍSMO
Estoy de acuerdo en lo básico respecto al laicismo expuesto por Miguel y Miguel (on). Pero también respecto al papel del ateísmo racional en nuestra sociedad. La Ciencia es atea. No se necesita de un dios que rellene huecos. Dios es muy poco probable. Por eso no lo vemos en los programas de los partidos políticos (salvo excepciones sospechosas), ni en los tratamientos médicos, ni en el diseño de los planos de una urbanización, ni en la construcción de una fábrica de yogures, ni en las normas de tráfico, ni en las medidas para evitar la contaminación de un río, ni en la sentencia para meter en chirona a un violador. No era así antes. Desgraciadamente, nos quedan los colegios concertados de curas, la simbología religiosa en los lugares públicos, la monarquía católica y una hipocresía social basada en una religiosidad superficial y burda.
Pero, si reconocemos los errores de bulto de las religiones, sus creencias infundadas, basadas en la irracionalidad y su influencia negativa en el proceso de maduración emocional y racional de las personas, por no decir, en el freno al desarrollo de las sociedades democráticas; tendríamos que luchar contra ellas.
Y así lo hacemos, tratando de sacarla fuera del contexto escolar, vaciando nuestras clases de cualquier contenido irracional, que no sea el Humanismo, Ciencia y Ética Universal; impidiendo que su influencia penetre en las leyes que rigen la convivencia.
Esto nos cuesta trabajo decirlo como laicistas, porque nos acerca al ateísmo. De hecho, como ya se ha dicho en este foro, casi el 100 % de los laicistas son ateos. Pero no queremos reconocerlo explícitamente, porque creemos en la libertad de conciencia y en que ciertos sectores religiosos se pueden abonar a nuestras tesis (lo veo difícil, pues si crees en el poder de salvación de la religión y amas a la Humanidad, sentirás como obligación que tu moral cale en el resto de los mortales para facilitarles el encuentro con tu dios).
Pero no nos cuesta pensarlo como ateos. Ni siquiera como agnósticos, ya que éstos sólo son ateos temporales. El agnosticismo permanente, que iguala al 50% la existencia y la inexistencia de Dios, queda más cerca de la religión y es poco racional (perdón si hiero ciertas sensibilidades).
Bajo este punto de vista, las religiones son un enemigo a batir. No así los creyentes, a los que consideramos víctimas (voluntarias e involuntarias) de los predicadores del más allá, que ofrecen la salvación eterna, a cambio de sumisión y fe, y se basan en el miedo para seguir manteniendo su estatus y el control.
Todo individuo, y los creyentes lo son, tienen sus derechos. Derecho a permanecer en el error, a seguir creyendo sin evidencias, a practicar sus ritos, a asociarse. Y el Estado ha de procurar que puedan seguir ejerciendo este derecho sin recortes, pero todos por igual. Solo tienen que cumplir la ley, igual para todos. Una ley que debe ser construida de forma racional y democrática. En esto radica el laicismo.
Por tanto, un laicismo respetuoso con todas las conciencias, pero crítico con las creencias religiosas y las increencias irracionales; favorecedor de la convivencia entre personas con cosmovisiones diferentes, agrupadas o no, pero excluyendo de las reglas del juego todo influjo religioso. Solo ciencia, razón y ética aglutinadora.
Laicismo (libertad de conciencia) para los individuos. Y sociedad al margen de dios (atea).
Es una idea de síntesis que espero, como no, verla destrozada los próximos días, tanto por los sesudos y admirados ateos, como por los laicistas más incombustibles, a los que aprecio profundamente.
NOTA: Las referencias masculinas (ateos, por ejemplo), se hacen extensivas a hombres y mujeres. Economía verbal.
Casimiro Jesús Barbado López
27/05/2007
CIENCIA Y ATEÍSMO (II)
No hablo del dios de las montañas, ni de las tormentas, ni del agua.
La Ciencia es atea (la RAE define ateo con claridad: el que niega la existencia de Dios). Tú misma lo reconoces: Y para ser ateo, tendría que estar prohibida la presencia de dios y estar presente la negación de dios. ¡Pues por eso es atea! No porque lo niegue explícitamente, sino porque no lo presupone. No es un axioma al que se acude para tratar de explicar el universo y sus leyes. Además, su presencia está prohibida y su negación está presente. Si estuviese permitida, renunciaríamos a seguir buscando la verdad. No hubiese habido teorías sobre agujeros negros, evolución, etc. No habría neurobiología, etc. Ya habríamos encontrado respuestas a los grandes interrogantes: sería Dios y lo que se deriva de la presunción de su existencia en función de cada una de las religiones que lo adoran: una moral represora y el miedo al castigo eterno, por ejemplo. O la dicha de mucha gente que es feliz asumiendo que su tránsito por esta vida es como un valle de lágrimas antes de alcanzar la unión con Él.
La biología, la química, la física, la geología parten de un principio: todo lo que existe puede explicarse en términos de tiempo, materia y energía. Si dios es la materia y la energía del universo, vale. Así estaría en el carbón y en las bacterias del intestino. Pero pocos templos se llenarían con estas ideas y pocos iluminados vivirían de este cuento (bueno, algunas iglesias tienen radiadores eléctricos para hacer más llevadera la oración durante el crudo invierno). Por eso pienso que los panteístas también son ateos. Decir que dios está en todo o que es todo es lo mismo que no decir nada.
Es cierto que incluso en nuestros días la Ciencia presenta muchas lagunas y mares y océanos. Pero desde luego no se rellenan apelando a dios. Dios está prohibido. Por eso insisto en que es atea. Llámale atea implícita. Algunos/as iríamos más allá y diríamos que debería serlo explícitamente. E incluso ser beligerantes (en términos poéticos y metafóricos) con las creencias infundadas (nunca con los creyentes, pues comparto contigo el respeto hacia todas las personas, con independencia de su credo). Algo así como: Manual de Biología. Capítulo I: Dios no existe. Tampoco existe el alma. Si crees que sí, cierra el libro, porque corres el riesgo de perder la fe. O como la invitación de Leo Bassi a los creyentes para salir de su espectáculo “La revelación” antes de comenzar, con el riesgo de que su permanencia podría debilitar sus creencias.
Los científicos también son ateos, en su mayoría. Los numbers one más todavía, según recientes estudios. Einstein lo era. Tuvo sus encontronazos con rabinos de su tiempo. Su dios era como el de Hawking, retórico: La última causa, las leyes de la naturaleza, la energía, etc. Es muy frecuente que los grandes genios apelen a la palabra dios (Dios) para entenderse con la gente, para evitar así la oscuridad de los términos cosmológicos o de la mecánica cuántica. Y así, no jugar a los dados significa que no hay azar. Otro ejemplo: las opciones de creación divinas no serían más que diversas posibilidades en cuanto al origen y evolución del universo.
Para terminar, dos perlas del primero:
“Por supuesto que es mentira todo lo que ustedes han leído sobre mis convicciones religiosas (…) No creo en un Dios personal y no lo he negado nunca, sino que lo he expresado muy claramente. Si hay algo en mí que pueda llamarse religioso es la ilimitada admiración por la estructura del mundo, hasta donde la ciencia puede revelarla”.
“La idea de un Dios personal es bastante extraña para mí, e incluso me parece infantil.” (Dawkins, El espejismo de Dios, capítulo I).
Casimiro Jesús

